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Lírica de una vieja mañana.

Frías gotas de agua cayendo del cielo me hacen pensar acerca de lo que hago, pensar acerca de lo que soy, frente a un espejo anticuado enmarcado en madera analizaba lo que suelen llamar "reflejo", me ayudé, si, me llené de brío para luchar contra ese "reflejo" de alguien descuidado, con unos ojos entre cerrados sobrepuestos en unas ojeras, con un cabello despeinado y sucio, llevando a sus espaldas una bolsa llena de razones para estar <mal>, ¿cómo las personas pueden estar bien consigo mismas?, ¿por qué yo no puedo?.

Frías gotas de agua cayendo del cielo hacen que me sienta cálido con esa figura retratada en un anticuado vidrio, soy yo, no puedo cambiar lo que soy y tengo que aceptar que soy así, que estoy lleno de defectos y también que alguna que otra cualidad se asoma por allí, me sentí bien con eso que vi, porque veo reflejado en mis ojos un inocente temor por las demás personas, un sutil sentimiento de amor a esas personas también.

Veo mi único problema reflejado en ese vidrio, pero también, veo mi única solución, veo lo único que me critica, pero también, lo único que me alienta, veo a alguien que no es mejor ni peor que nadie, me veo a mi, un humano feliz.






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Una pequeña roca

Luego de interminables monólogos, de constantes luchas de ego, aquél narcisista hombre se calló, no lo pude escuchar. Aquellos debates entre dos ideales se callaron, quedé solo en lo que se sintió como una eternidad… Escuchar la guerra hacía que estuviera seguro, existía el equilibrio y el balance. Sin embargo, aún conservo ciertas pequeñas cosas de él. Ha pasado tiempo desde la última nota autobiográfica, y es por ello que hoy escribo, una carta para el ego, mi ego… o mi corazón. El pleno silencio es bueno, aunque he descubierto brechas de seguridad en la templanza programada. Perdón por tratarme a mí mismo como una roca, sin perturbación ni sentimientos; fue bueno al principio, pero hoy se hace presente el agotamiento y no pido que me entiendas, sólo que me escuches. La Roca, durmiendo sobre un volcán. Un día existió una roca muy particular, esa roca había desarrollado razón y, sin embargo, no entendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, se hacía preguntas y no hallaba respuesta...

De frases selectas. Prefacio al prólogo.

Si os ha gustado, batid palmas y aplaudid al autor. César Augusto, finales de su vida. ¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida? César Augusto, finales de su vida. ¿Numquid durabo? San Alberto Magno, siglo XIII. ¿Quedará algún minúsculo fragmento de mi alma en el espíritu universal? Aleksandr Solzhenistyn, Pabellón de cáncer, 1973.   ¿Bregar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por la fama, lenitivo que suplanta a la seguridad de un más allá? ¿Por el hombre? ¿Por crear y que perviva, al menos efímeramente, nuestro recuerdo cuando nos vayamos? Luchar contra la Nada, que es peor que el infierno. José M. Tajarina, Del miedo a morir. Todo hombre es un moribundo. Marco Aurelio. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, Una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca. La Dirce cristiana, Henryk Siemiradzki, 1897.

Pensé.

Pensé que habías encontrado un confidente,  pensé que habías hallado una razón,  pensé que habías encontrado unos brazos donde descansar,  pensé que habías encontrado una  fuente de empatía,  pensé que habías dicho gracias .  Sólo no pensé,  que habías mirado otro jardín.  El niño del chaleco rojo, Paul Cezanne. 1889-1890.