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Ale.

La perdida de calor en alturas es
justa para una hipotermia, por
eso los experimentados buscan
sobriedad en sus faenas, sí es cierto
que no me gusta la nata de la leche

Ni me gusta el queso, ni la mantequilla
no los paso así sin más, aunque los amo
tampoco me gusta la carne, aunque
amo hacerla y pues

“Una vez vi que no cantabas
y no sé por qué,
si tienes voz y tienes palabras,
déjalas caer,
cayéndose suena tu vida,
aunque no lo creas”.

Viernes como domingo, domingo
como lunes, haciendo arepitas
a las 11, leyendo fracciones místicas
de Ben Hur en la memoria,

Porque me recuerdo, como dice
la canción, me veo en terrazas
ocres, mirando y sin mirar,

Al ritmo de un blues, que es
un tango, por favor! El abismo
es una arepa de trigo con arequipe,

Es justo y necesario, sólo saber
algo que tú sabes, lector

Introspección, amargura,
terror, té de pasiflora amargado
por el miedo a una intoxicación
por cianuro, canto a la hidrofobia

Sí! Sí! Sí!



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Una pequeña roca

Luego de interminables monólogos, de constantes luchas de ego, aquél narcisista hombre se calló, no lo pude escuchar. Aquellos debates entre dos ideales se callaron, quedé solo en lo que se sintió como una eternidad… Escuchar la guerra hacía que estuviera seguro, existía el equilibrio y el balance. Sin embargo, aún conservo ciertas pequeñas cosas de él. Ha pasado tiempo desde la última nota autobiográfica, y es por ello que hoy escribo, una carta para el ego, mi ego… o mi corazón. El pleno silencio es bueno, aunque he descubierto brechas de seguridad en la templanza programada. Perdón por tratarme a mí mismo como una roca, sin perturbación ni sentimientos; fue bueno al principio, pero hoy se hace presente el agotamiento y no pido que me entiendas, sólo que me escuches. La Roca, durmiendo sobre un volcán. Un día existió una roca muy particular, esa roca había desarrollado razón y, sin embargo, no entendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, se hacía preguntas y no hallaba respuesta...

De frases selectas. Prefacio al prólogo.

Si os ha gustado, batid palmas y aplaudid al autor. César Augusto, finales de su vida. ¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida? César Augusto, finales de su vida. ¿Numquid durabo? San Alberto Magno, siglo XIII. ¿Quedará algún minúsculo fragmento de mi alma en el espíritu universal? Aleksandr Solzhenistyn, Pabellón de cáncer, 1973.   ¿Bregar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por la fama, lenitivo que suplanta a la seguridad de un más allá? ¿Por el hombre? ¿Por crear y que perviva, al menos efímeramente, nuestro recuerdo cuando nos vayamos? Luchar contra la Nada, que es peor que el infierno. José M. Tajarina, Del miedo a morir. Todo hombre es un moribundo. Marco Aurelio. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, Una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca. La Dirce cristiana, Henryk Siemiradzki, 1897.

Pensé.

Pensé que habías encontrado un confidente,  pensé que habías hallado una razón,  pensé que habías encontrado unos brazos donde descansar,  pensé que habías encontrado una  fuente de empatía,  pensé que habías dicho gracias .  Sólo no pensé,  que habías mirado otro jardín.  El niño del chaleco rojo, Paul Cezanne. 1889-1890.