Ir al contenido principal

Preludio al Capítulo II del 2014

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
Una sombra, una ficción,
Y el mayor bien es pequeño;
Que toda la vida es un sueño,
Y los sueños, sueños son.

-Calderón de la Barca.

Cada día es aún más grande la soledad, más que física, intangible
es ahora una turba frenética la vida venezolana,
más que una vida mejor
es más bien una vida de antaño
que sólo se atreve a revivir memorias
de siete
de veinte años de antigüedad
y aunque las memorias cada vez
sean más pasadas
y aunque la esperanza cada vez
sea más anciana
no se siente como un vino de años
en vez de ello,
la élite patriota
ha elaborado
con esas memorias
el vinagre más horrible
de la humanidad contemporánea.
No es un misterio, no es una falacia
pero nuestros hermanos patriotas
cada día anhelan una vida,
una vida que se ha escapado
no de uno solo
no de unos cientos
no de unos miles.
Una vida acaparada
por la más que mejor
aristocracia -sociópata- popular,
Una vida acaparada
por la marginalidad,
Una vida acaparada
por la estupidez de nuestra especie.
Ha llegado ya tan lejos esta mugre,
que no hace falta abrir los ojos
para percibir su extravagancia
insensata.
Ha llegado ya tan lejos este sueño analfabeto,
que los mismos procreadores
ahora huyen
del deforme sistema que costearon.
Ha llegado ya tan lejos este banal intento,
que escandalosos números
abandonan la odisea.
Aquel paisaje
sólo digno de nuestros ojos
Aquel sentimiento
fuente de excelencia,
Es ahora una avenida
desolada,
solitaria
y llena de basura,
Es ahora una noche
pensante
y aturdida por las cacerolas.


Aquellos lejanos versos de Calderón de la Barca,
encajan como si hubieren nacido para ello
con la disfuncional
Venezuela. 

Me pregunto.
¿Cómo va a ser
la vida mejor?


¿O seremos nosotros los psicópatas?





Comentarios

Entradas populares de este blog

Una pequeña roca

Luego de interminables monólogos, de constantes luchas de ego, aquél narcisista hombre se calló, no lo pude escuchar. Aquellos debates entre dos ideales se callaron, quedé solo en lo que se sintió como una eternidad… Escuchar la guerra hacía que estuviera seguro, existía el equilibrio y el balance. Sin embargo, aún conservo ciertas pequeñas cosas de él. Ha pasado tiempo desde la última nota autobiográfica, y es por ello que hoy escribo, una carta para el ego, mi ego… o mi corazón. El pleno silencio es bueno, aunque he descubierto brechas de seguridad en la templanza programada. Perdón por tratarme a mí mismo como una roca, sin perturbación ni sentimientos; fue bueno al principio, pero hoy se hace presente el agotamiento y no pido que me entiendas, sólo que me escuches. La Roca, durmiendo sobre un volcán. Un día existió una roca muy particular, esa roca había desarrollado razón y, sin embargo, no entendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, se hacía preguntas y no hallaba respuesta...

De frases selectas. Prefacio al prólogo.

Si os ha gustado, batid palmas y aplaudid al autor. César Augusto, finales de su vida. ¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida? César Augusto, finales de su vida. ¿Numquid durabo? San Alberto Magno, siglo XIII. ¿Quedará algún minúsculo fragmento de mi alma en el espíritu universal? Aleksandr Solzhenistyn, Pabellón de cáncer, 1973.   ¿Bregar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por la fama, lenitivo que suplanta a la seguridad de un más allá? ¿Por el hombre? ¿Por crear y que perviva, al menos efímeramente, nuestro recuerdo cuando nos vayamos? Luchar contra la Nada, que es peor que el infierno. José M. Tajarina, Del miedo a morir. Todo hombre es un moribundo. Marco Aurelio. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, Una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca. La Dirce cristiana, Henryk Siemiradzki, 1897.

Pensé.

Pensé que habías encontrado un confidente,  pensé que habías hallado una razón,  pensé que habías encontrado unos brazos donde descansar,  pensé que habías encontrado una  fuente de empatía,  pensé que habías dicho gracias .  Sólo no pensé,  que habías mirado otro jardín.  El niño del chaleco rojo, Paul Cezanne. 1889-1890.