Ir al contenido principal

Un viajante, hombre alegórico, sutil y mental.

Amante de las notas autobiográficas, sed en vuestra
presencia un ser más, cuyas fauces mentales/idealistas
se consagran en una libélula metafórica, que atina
a ser para mí, el ego, una sensación sutil, que
se representa en la forma de una idea, una
leve y pequeña idea transformada en prosa,
porque dejé de medir y las sensaciones son
las que hablan, meninas torpes y en mí especial
caso, en mi especial abismo de introversión;
seres contradictorios que sólo existen para
decirme que mida los poemas y que me
detenga a pensar en la estética, a quien yo
clasifico como Ira y sólo ira, la estética
de la ira es una plasticidad (léase como
adjetivo artístico) cuya ironía se basa
en la calma y en la tranquilidad, es en eso
que en mi especial abismo de introversión
la ira se forma, como un insecto que se
hace capullo y se nutre y se va formando
poco a poco, como las nubes de las cinco
que me recuerdan a un ojo egipcio de
por mi casa, una especial anécdota de un
Ken mal comprendido, sea un alter ego,
o bueno qué se yo, pero esa anécdota
intranquila/tranquila/ambigua/análoga,
me hace sólo pensar en un terrible mar
de belleza, que yace tranquilo en el corazón
de un Viajante, de un hombre cuyo viaje nunca
estuvo finalizado ni por empezar, ni tuvo
un preludio, sólo comenzó desde el día que
la razón nació y es su progenie el Viajante,
quien tuvo la intención de escribir un preludio
estúpidamente castellanizado, para darle
vida a un poema personal/impersonal,
y en cuyo caso, creció, floreció y vivió,
vivieron, alegorías acerca de una libélula
y un Viajante sutil, sí.
Autorretrato.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Una pequeña roca

Luego de interminables monólogos, de constantes luchas de ego, aquél narcisista hombre se calló, no lo pude escuchar. Aquellos debates entre dos ideales se callaron, quedé solo en lo que se sintió como una eternidad… Escuchar la guerra hacía que estuviera seguro, existía el equilibrio y el balance. Sin embargo, aún conservo ciertas pequeñas cosas de él. Ha pasado tiempo desde la última nota autobiográfica, y es por ello que hoy escribo, una carta para el ego, mi ego… o mi corazón. El pleno silencio es bueno, aunque he descubierto brechas de seguridad en la templanza programada. Perdón por tratarme a mí mismo como una roca, sin perturbación ni sentimientos; fue bueno al principio, pero hoy se hace presente el agotamiento y no pido que me entiendas, sólo que me escuches. La Roca, durmiendo sobre un volcán. Un día existió una roca muy particular, esa roca había desarrollado razón y, sin embargo, no entendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, se hacía preguntas y no hallaba respuesta...

De frases selectas. Prefacio al prólogo.

Si os ha gustado, batid palmas y aplaudid al autor. César Augusto, finales de su vida. ¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida? César Augusto, finales de su vida. ¿Numquid durabo? San Alberto Magno, siglo XIII. ¿Quedará algún minúsculo fragmento de mi alma en el espíritu universal? Aleksandr Solzhenistyn, Pabellón de cáncer, 1973.   ¿Bregar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por la fama, lenitivo que suplanta a la seguridad de un más allá? ¿Por el hombre? ¿Por crear y que perviva, al menos efímeramente, nuestro recuerdo cuando nos vayamos? Luchar contra la Nada, que es peor que el infierno. José M. Tajarina, Del miedo a morir. Todo hombre es un moribundo. Marco Aurelio. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, Una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca. La Dirce cristiana, Henryk Siemiradzki, 1897.

Pensé.

Pensé que habías encontrado un confidente,  pensé que habías hallado una razón,  pensé que habías encontrado unos brazos donde descansar,  pensé que habías encontrado una  fuente de empatía,  pensé que habías dicho gracias .  Sólo no pensé,  que habías mirado otro jardín.  El niño del chaleco rojo, Paul Cezanne. 1889-1890.