Ir al contenido principal

Aún si vivo cien años, cien años pienso en ti.

"Aún si vivo cien años,
 cien años pienso en ti" 

Y aunque deje de ser yo
aunque me pierda en las
corrientes mentales,
a pesar de la marea,
del bullicio mundano,
del mundo y sus (des)artes,
desearte en mis noches,
mil y una de ellas, siendo tuyo,
mi vida.

Aún el mar me aleje,
aún un océano me
inunde el corazón,
una montaña me
separe, cien veces
pensaré en ti, esperaré
ver el mundo hecho
colores en tus ojos.

Tal como la melodía de
un violín acompañado
de trompetas de oro,
 tu voz me hace querer,
será que estamos hechos
para estar juntos?

Aunque deje de ser yo,
aunque el sol no brille,
seré el más grande artista
del dese(arte) y te amaré,
aún en exceso y en dignidad.

Te amo.

Musa.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Un poema para una persona que admiro.

Risueña, feliz, alegre y poderosa, te conozco y me alegro nada más de saberte tan estrella, brillante y majestuosa, tus labios llenos de anécdotas por contar, tu mente llena de ensueños increíbles, de ideas solo tuyas y que animan al mundo entero, siendo una mujer como ninguna, un ángel en medio de mortales, inmortal belleza de mis pensamientos, elemental fruto de lo hermoso mismo, tus expresiones, tus cantares, brillante musa de mi débil arte, sólo vivo por tus cabellos a veces cobres, a veces verdes, pero hoy rojizos y mañana seguro violetas, increíbles y llenos de luz, tu forma de vivir, tu altanería, tu ojos de fuego y tu cuerpo de griega, tu alma brillante como el oro, viva y fugaz, amorosa y nunca finita, observarte es mi libertad, mi abeja reina, Luisa, te admiro, eres mi persona preferida y a quien deseo siempre. Luisa posando, radiante.

Una pequeña roca

Luego de interminables monólogos, de constantes luchas de ego, aquél narcisista hombre se calló, no lo pude escuchar. Aquellos debates entre dos ideales se callaron, quedé solo en lo que se sintió como una eternidad… Escuchar la guerra hacía que estuviera seguro, existía el equilibrio y el balance. Sin embargo, aún conservo ciertas pequeñas cosas de él. Ha pasado tiempo desde la última nota autobiográfica, y es por ello que hoy escribo, una carta para el ego, mi ego… o mi corazón. El pleno silencio es bueno, aunque he descubierto brechas de seguridad en la templanza programada. Perdón por tratarme a mí mismo como una roca, sin perturbación ni sentimientos; fue bueno al principio, pero hoy se hace presente el agotamiento y no pido que me entiendas, sólo que me escuches. La Roca, durmiendo sobre un volcán. Un día existió una roca muy particular, esa roca había desarrollado razón y, sin embargo, no entendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, se hacía preguntas y no hallaba respuesta...

De frases selectas. Prefacio al prólogo.

Si os ha gustado, batid palmas y aplaudid al autor. César Augusto, finales de su vida. ¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida? César Augusto, finales de su vida. ¿Numquid durabo? San Alberto Magno, siglo XIII. ¿Quedará algún minúsculo fragmento de mi alma en el espíritu universal? Aleksandr Solzhenistyn, Pabellón de cáncer, 1973.   ¿Bregar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por la fama, lenitivo que suplanta a la seguridad de un más allá? ¿Por el hombre? ¿Por crear y que perviva, al menos efímeramente, nuestro recuerdo cuando nos vayamos? Luchar contra la Nada, que es peor que el infierno. José M. Tajarina, Del miedo a morir. Todo hombre es un moribundo. Marco Aurelio. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, Una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca. La Dirce cristiana, Henryk Siemiradzki, 1897.