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El Ángel y la Lanza.

Villancicos que llaman al
terror, me hacen la noche tenue
una explosión en bucle de
sensaciones, canciones y
cantos, la ópera magna de
la decadencia del hombre,
que por qué brilla tanto?

Me gusta cuestionar y me
gusta ver la luz que se
emana de la metáfora que
aún enredada trato de
escribir, las lágrimas salen,
soy un hombre que llora
y que desea, desea tu
carne blanca y de figura
delgada, hermosa y
brillante, mi femme fatale,

El ángel y la lanza, no
encuentro una mejor
metáfora, llena de
referencias y prosa que
parece verso, todo
regresa a la nada, tal que
mis versos pierden
métrica, sólo quiero
expresarme, el sonido
de los dulces instrumentos
me reconforta, el piano
me llena de amor y de
preguntas, no me comprendo.

Soy el ser más complicado
que conozco y me quiero,
así lo decido, la poesía
y las letras son una carga
que pesa los hombros del
hombre, se decide escribir
o las letras son las
que deciden escribirse
por sí mismas?

La vida es increíble, hermosa
y llena de dolor, de amor, de
gritos, de ternura y de violencia,
vivir es hermoso, por qué desearía
devolver el tiempo? Aún no sé
porque me lleno de preguntas y
evito las respuestas, tal vez fui
creado curioso, amante de hacer
referencias que en mi ilusión
sueño que se entiendan,

Todo es nada, soy el ángel?
o soy la lanza? Diría que
en esta referencia me
abstengo de responder(me)
no sea que me equivoqué y
tome un lugar más grande
del que me corresponda
que a pesar de ser grande,
en lo pequeño está lo mucho,
quizás.

El sonido de una fotografía
en la soledad, de los luceros
y de los arboles danzantes,
el corazón de un soñador
está siempre entregado a
amar y a llorar, ideal y
quizás asocial forma de
sentirme el ser más feliz
del mundo solamente
teniendo la oportunidad
de vivir, de soñar y de
poder sentir en mi corazón
miles de sentimientos y
en mis ojos las lágrimas
que brotan y me hacen
querer seguir viviendo.

Paradigmas y más
paradigmas, hasta cuando
se acabará el llamado síndrome
del Nullum Verbum en mi?
Podré seguir haciéndome
preguntas, estoy seguro
de ello.


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Una pequeña roca

Luego de interminables monólogos, de constantes luchas de ego, aquél narcisista hombre se calló, no lo pude escuchar. Aquellos debates entre dos ideales se callaron, quedé solo en lo que se sintió como una eternidad… Escuchar la guerra hacía que estuviera seguro, existía el equilibrio y el balance. Sin embargo, aún conservo ciertas pequeñas cosas de él. Ha pasado tiempo desde la última nota autobiográfica, y es por ello que hoy escribo, una carta para el ego, mi ego… o mi corazón. El pleno silencio es bueno, aunque he descubierto brechas de seguridad en la templanza programada. Perdón por tratarme a mí mismo como una roca, sin perturbación ni sentimientos; fue bueno al principio, pero hoy se hace presente el agotamiento y no pido que me entiendas, sólo que me escuches. La Roca, durmiendo sobre un volcán. Un día existió una roca muy particular, esa roca había desarrollado razón y, sin embargo, no entendía lo que estaba sucediendo a su alrededor, se hacía preguntas y no hallaba respuesta...

De frases selectas. Prefacio al prólogo.

Si os ha gustado, batid palmas y aplaudid al autor. César Augusto, finales de su vida. ¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida? César Augusto, finales de su vida. ¿Numquid durabo? San Alberto Magno, siglo XIII. ¿Quedará algún minúsculo fragmento de mi alma en el espíritu universal? Aleksandr Solzhenistyn, Pabellón de cáncer, 1973.   ¿Bregar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por la fama, lenitivo que suplanta a la seguridad de un más allá? ¿Por el hombre? ¿Por crear y que perviva, al menos efímeramente, nuestro recuerdo cuando nos vayamos? Luchar contra la Nada, que es peor que el infierno. José M. Tajarina, Del miedo a morir. Todo hombre es un moribundo. Marco Aurelio. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, Una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca. La Dirce cristiana, Henryk Siemiradzki, 1897.

Pensé.

Pensé que habías encontrado un confidente,  pensé que habías hallado una razón,  pensé que habías encontrado unos brazos donde descansar,  pensé que habías encontrado una  fuente de empatía,  pensé que habías dicho gracias .  Sólo no pensé,  que habías mirado otro jardín.  El niño del chaleco rojo, Paul Cezanne. 1889-1890.